viernes, 8 de julio de 2011

La delgada línea roja (The Thin Red Line, 1998) - Terrence Malick


Un silencio tajante de veinte años de duración fue trazado en el pentagrama tras la deliciosa obra maestra Días del cielo. Una vez finalizada tal larga pausa, y habiendo reposado ya más que suficiente la orquesta, la evocadora melodía Malick vuelve a sonar en el auditorio frente a su expectante público. La esperada pieza que ahora comienza llevará por nombre La delgada línea roja.

Con un gran presupuesto y un reparto de lujo formado prácticamente en su totalidad por afamadas estrellas de Hollywood (Sean Penn, James Caviezel,  Elias Koteas, John Travolta, John Cusack o George Clooney son sólo algunos nombres), el tercer largometraje de Terrence Malick se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial en la batalla de Guadalcanal. Mientras uno atraviesa sus exóticos parajes, poseedores de esa belleza plástica tan habitual del autor, muchos son los personajes que se nos van presentando. No obstante, acabamos por percatarnos de que en ninguno de ellos recae el protagonismo. Y es así, con este constante cambio en el punto de mira de la narración, con este dinamismo que fluctúa de un casco a otro sin ataduras, como, junto a la poca duración de los planos, se va formando una sensación de unidad colectiva, de globalidad. La misma idea de conjunto que en algún momento deja caer la voz en off: “Quizás todos los hombres tengamos una sola alma, de la cual todos formamos parte. Aspectos del mismo hombre. Un gran ser. Todos buscando la salvación por su cuenta. Cada uno como un pedazo de carbón, extraído del fuego.”


Si bien es cierto que destacan actuaciones como la de Nick Nolte, encarnando a un teniente coronel cuya libertad y personalidad han sido sacrificadas en pos de su estatus militar; la genialidad de esta espiritual y singular muestra de cine bélico reside principalmente en su base filosófica y en el sosegado aura de paz interior y quietud que desprenden las casi tres horas de metraje. Su discurso, que va tratando temas que pasan desde los misterios de la naturaleza, hasta la muerte y el origen de la violencia, posee una percepción de la vida tan pura y esencial, que cuando la película ha acabado uno tiene la sensación de ver el mundo algo más claro, como si nos hubiesen quitado unos pesados obstáculos e impedimentos que tan sólo servían para enturbiar nuestra mirada con complejidades innecesarias. Y esto es algo impagable.



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