lunes, 31 de octubre de 2011

El árbol de la vida (The Tree of Life, 2011) - Terrence Malick


       El diseño de uno de los carteles publicitarios de El árbol de la vida nos muestra un colorido mosaico de instantáneas variadas. Ahí tenemos ya un primer acercamiento al estilo narrativo, perfecta culminación del de sus anteriores obras, que utilizará Terrence Malick en su último trabajo. Como cuando se activa el mecanismo que sume a una persona en sus recuerdos, o también de un modo similar a aquél en que nuestra conciencia percibe determinados momentos, lo que vemos es un constante fluir de secuencias a trompicones, sin remanso, cuyos saltos o elipsis eludirán explicaciones forzadas acerca de lo mostrado, dejando éstas en manos de la reflexión del espectador. Así, es en el montaje donde recae gran parte de la originalidad de la película; sus continuos cortes de cámara, además de jugar con el tiempo, van creando una colección de bellísimas “instantáneas reminiscentes”, esto es, de esos fragmentos de vida que, por algún motivo, persisten en la memoria mientras el resto se abocaron al olvido.

       La trama comienza cuando les comunican a los padres de una familia de tres hijos que el mediano, de 19 años, ha muerto. Avanzamos en el tiempo y vemos al mayor de ellos, ya adulto, lamentándose de la avaricia de la sociedad contemporánea, recordando a su hermano y, posteriormente, reviviendo su pasado. Aquí, el director de La delgada línea roja (The Thin Red Line, 1998) aprovecha para trazar un monumental retrato de la infancia con una lucidez cegadora y cuya hermosa lírica merece todos los elogios posibles. Y es que, de pronto, uno se verá trasladado a sus días tempranos; sentimientos que no recordábamos siquiera haber tenido emergerán de nuevo ante nuestro asombro.


       Este influenciable punto de vista, el de un niño, se utiliza también para hacernos llegar el planteamiento ético del autor y mostrarnos la disyuntiva de dos modelos de vida. Uno, representado por la madre, es el de la bondad y el altruismo; el padre, por otro lado, se mostrará con dureza ante sus hijos e intentará enseñarles a que saquen provecho de sus vidas luchando por el interés propio. Lo que Malick parece tratar con su viaje a los albores del universo y la vida es que expandamos nuestra visión de la existencia, hacernos calibrar por un momento lo que somos y, a partir de aquí, que nos preguntemos si realmente tenemos derecho a actitudes como el egoísmo. Eso y, claro está, desarrollar las arduas cuestiones espirituales acerca de la providencia, la vida y muerte o el más allá que se plantea esta familia cristiana.


       Las inmensas actuaciones, el insuperable logro visual, la banda sonora, todo es irreprochable e impoluto en este cenit cinematográfico que nos ha regalado el año 2011.

10 comentarios:

  1. Una obra grandiosa que perdurará en el tiempo. La culminación, hasta la fecha, del lenguaje malickiano. Desde Tarkovsky, nadie nos había regalado imágenes de tan hermosa y subyugante poesía.
    Un saludo, compañero.

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  2. Es una película gloriosa, pretenciosa, pedante, mágica, enervante, apabullante, etc., como se ha señalado en varios lugares.

    A pesar de que quedé hipnotizado con la orgía de imágenes que saturan la obra, creo que tiene un problema muy grande. Y es que Malick quiere hacer la película total y eso es imposible: su ego extiende cheques que no se pueden pagar, y no es porque no tenga un talento superlativo, sino porque NADIE puede hacer una obra así, aún siendo Malick o Tarr o quién sea.

    De todas formas, y aunque la unión de las partes me siga resultando forzada (y las explicaciones vacías), es una experiencia alucinante. Simplemente uno de los regalos más grandes al cine en los últimos años.

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  3. Sin duda perdurará en el tiempo, Ricardo.
    La he visto tres veces ya. Si la primera vez salí del cine con una mezcla de confusión y asombro, en las siguientes acabé por quitarme el sombrero.
    Un saludo también para tí.

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  4. Hola Woland.
    Coincido en que es muy ambicioso y pretencioso lo que se ha propuesto Malick en esta película, pero ni lo uno ni lo otro me parecen aspectos negativos en este caso, pues no le han llevado a mal puerto.
    A raíz del asunto de las partes y su cohesión, te pondré el ejemplo de "El espejo" (Zerkalo, 1975) con la que esta película tiene muchos puntos en común. ¿Qué me dices de la unión de esas secuencias que pasan de la infancia de Andrei a imágenes de la guerra civil española o de la revolución de Mao? Para mí son divagaciones en las que se sumerge la mente del protagonista, pues ese es el lenguaje narrativo que utiliza; recuerdos, reflexiones, que de paso se transmiten al espectador. Lo mismo veo en "El árbol de la vida".
    Un saludo.

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  5. Como he señalado, es una película alucinante con momentos de sublime sensibilidad y belleza máxima (espero que no se interprete erradamente mi opinión).

    El problema, y para mí sí que lo es, es que es un intento de película total, algo que no se puede lograr; si se considera las pretensiones y el resultado, bueno, encuentro un problema… quizás influya el que sea ateo y su mensaje no tuvo impacto en mí, todo lo contrario me pareció vacío y rebuscado (no sé, tal vez estoy perdiendo facultades).

    Lo que señalas también me parece un punto negativo, al menos subjetivamente, y es que la verdad no siento haber visto nada que no hubiera visto ya en Tarkovsky, Kubrick o Marker. En todo caso una película excelente, no está mal que se repita.

    Con respecto a "El espejo", debo admitir que no es la obra que más me gusta del ruso. Acepto que toda la parte final de la película es fascinante, de una belleza poética apabullante. Pero hay momentos en los que se desliza a terrenos demasiado ambiguos, no necesariamente complejos, y se mantiene tan encerrada en el cerebro de Tarkovsky que nunca construye su camino al mío. Es un film demasiado personal y sólo él sabe lo que quiere contar...

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  6. Comprendo tu forma de verlo. Por más que se quiera apreciar una obra de forma objetiva, no es posible que a todo el mundo le sienta de igual manera un determinado recurso. Quizás más que analizarlo de forma racional, la cuestión sea cómo lo sentimos, no sé.
    Por cierto, yo también soy ateo y en mi caso me interesó su discurso.

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  7. Es una película que te deja reflexionando (y conmoviendote) mientras la ve y cuando pasan las horas en los recuerdos. Una de las mejores del 2011.

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  8. Hola, David.
    Totalmente de acuerdo; como pocas películas, ésta continúa dando que pensar, en la memoria, mucho tiempo después de su visionado.
    Un saludo.

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  9. Increíblemente intensa. Consigue hacer malabares con el alma.

    Gracias.

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