miércoles, 1 de febrero de 2012

El hombre de Londres (A Londoni férfi, 2007) - Béla Tarr

       Se podrían palpar, retener en nuestras anquilosadas manos, los estratos de desazón que surcan la peculiar densidad de esa noche portuaria francesa. Sólo el incesante ruido del oleaje acompaña al descender, entre brumas, de los pasajeros de una embarcación recién llegada al puerto, quienes, poco a poco, irán accediendo al tren que les espera justo enfrente. Allá arriba, en su solitaria torre, un absorto guardagujas contempla toda la escena y el inusual evento que tendrá lugar poco después.

      Es un film noir dirigido por Béla Tarr aquello con lo que nos hemos topado. Y ya habiendo dicho esto, uno debería saber, de antemano, que van a ser pocas las similitudes que hallaremos con respecto a El halcón maltés (The Maltese Falcon, 1941) de Huston. No cabrá extrañarse, pues, de que el complejo entramado argumental característico del género se vea aquí transmutado, reducido sin miramientos, a su más simple esencia. Como tampoco de que los diálogos a los que nos tenía acostumbrados la brillante labia de Philip Marlowe en El sueño eterno (The Big Sleep, 1946), en El hombre de Londres sean parcos en su mayoría y adopten una parsimonia más propia de un filme de Dreyer. Y es que, da igual que adapte una novela de Georges Simenon; desde que halló su inconfundible estilo, y como suele ocurrir con los más grandes cineastas, las elecciones estéticas de este maestro húngaro permanecen inmanentes a toda su obra, por escasa que sea, modificándose si acaso en busca de una mayor depuración. Una depuración que ya finiquitaría alcanzando el extremo más radical en su reciente e inconmensurable El caballo de Turín (A Torinói ló, 2011).


       Nuevamente, la cámara nos invita a un lentísimo vals gloriosamente coreografiado a través de extendidos planos-secuencia en los que el aparentemente simple trayecto de un hombre que ha pasado la noche en vigilia hacia el bar de una posada o el rostro de una mujer que ha perdido a su marido adquieren monumentales dimensiones y un papel protagónico en la obra. De esta forma, con este encumbramiento de la contemplación cuyas raíces bien pudieron nutrirse de la poesía tarkovskiana, al tiempo que se distancia de la cualidad meramente narrativa del cine, se nos está forzando a apreciar el sentimiento, la belleza quizás, por así decirlo, que subyace incluso en la más trivial de las acciones, en el momento, en el tiempo.

       Constante en la obra tardía de Tarr sería también el grupo de colaboradores de los que se rodea. Desde László Krasznahorkai, junto al que escribe los guiones, a veces adaptando novelas suyas, al genial Mihály Víg y su melancólica, atmosférica, minimalista banda sonora, pasando por la misma mujer del director, Ágnes Hranitzky, que codirige las películas. Y tanto en el que hoy nos ocupa como en su último trabajo, un alumno alemán suyo, llamado Fred Kelemen, se encarga de la fotografía. Ésta, si ya solía ser profusa en claroscuros, aquí sublimará la estética del cine negro adoptando el más contrastado tenebrismo caravagista.


       La humanidad, la naturaleza del hombre, así como la dignidad de éste (como el autor suele decir cuando define su cine), ese material primordial, el barro con el que siempre ha moldeado su obra, siguen más que presentes en El hombre de Londres. Y si bien, al compararlo con otros de sus trabajos, podría ocurrir que un espectador notara cierta ausencia de la rebosante metafísica que poblaba, por ejemplo, el metraje de Armonías de Werckmeister (Werckmeister harmóniák, 2000), tales comparaciones carecen de la más absoluta relevancia cuando se tratan obras de una magnitud como la de la presente. O citando al propio Tarr: “¿Quién es mejor, Dostoyevski o Proust? Competir nos hace perder nuestra autenticidad.”

14 comentarios:

  1. Primero que nada agradezco que haya una nueva y maravillosa entrada en tu blog. Y más sobre esta fascinante obra. Aunque es la película que menos me interesa del maestro húngaro desde “Kárhozat” (no menciono nada anterior, me interesa menos; excluyendo la fantástica “Almanac of Fall”).

    Me parece que el universo de Tarr se reduce enormemente con la novela de Georges Simenon. No sé, quizás echo de menos el sarcasmo y el alcance de “Satantango” (una de las mejores, sino es que la mejor –eso dice mi novio-, películas de la historia), pero admito que es de visión obligada. W

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  2. Gran regreso a la blogosfera, amigo Irimiás, se nota que te apasiona Tarr, y no es para menos. Si te soy sincero, el contenido de "El hombre de Londres" me importa un pimiento (casi tan poco como al propio director), ya que se trata de una obra puramente formalista, y creo que es a ese nivel donde tiene que ser disfrutada. Es genial ver cómo el maestro húngaro exprime la duración de los planos mediante el recurso del plano secuencia. El inicio del filme es simplemente alucinante. Jamás llegará al nivel de "Sátántangó", "Armonías de Werckmeister" o "El caballo de Turín", pero no por ello deja de ser igualmente imprescindible.
    Un abrazo.

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  3. Opino como tú, Woland, tanto en que es de visión obligada como en que es la menos buena desde "La condena". De sus primeras películas no he visto nada, aunque tengo pendiente ver su primer largometraje, "Nido familiar".
    En cuanto a considerar "Sátántangó" como la mejor película de la historia, la verdad es que no es algo que se aleje demasiado de mi propio criterio. De todas formas, después de haber visto varias veces ya "El caballo de Turín" creo que finalmente es con la que me quedo. Ya le dedicaré una entrada, aunque será difícil poner en palabras lo que sentí al verla :)
    Un saludo.

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    1. Se agradecería también una entrada de "Satantango", y más ahora que tuve la oportunidad de verla, con sólo dos descansos cortos, en la pantalla grande; en mi opinión es la obra más importante de Tarr (después colocaría "El caballo de Turín" y “Armonías de Werckmeister”). Es difícil expresar la cantidad de sentimientos que produce esta obra en pantalla grande, es tan hipnótica, maligna, precisa y diabólicamente divertida que no se queda ni un micrómetro atrás de las mejores obras de Faulkner. W

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    2. Lo tendré en cuenta. Además, ya va pegando que la vea de nuevo, que sólo la he visto una vez.
      Sin duda, tuvo que ser una experiencia única eso de verla en el cine; envidia que me das, jaja.
      Saludos.

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    3. Sí, afortunadamente tuvimos un ciclo de Béla Tarr y el resultado en pantalla grande es alucinante. Sales en una nube viendo las estrellas.

      En disco “Satantango” es fantástica, pero desafortunadamente pierde mucha la captación del sonido; como sabes, Béla Tarr es uno de los pocos directores, junto a Tati, que compone y organiza sus pistas de sonido en un nivel comparable a Bresson. W

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    4. Me lo puedo imaginar. Por mi parte, aún sigo esperando a que pongan ésta que digo que, al menos por ahora, es mi favorita en un cine en VO al que a veces puedo ir. Veremos si hay suerte.
      Un saludo, camarada.

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  4. Me alegro de verte por aquí, Ricardo, ahora que retomo el blog. A ver si me mantengo publicando entradas de una forma más constante a partir de ahora.
    Comparto que "El hombre de Londres" es la más descompensada en la relación forma-fondo de las películas que señalas; y sí, es un inmenso placer contemplar esa maestría con que maneja Tarr los planos-secuencia. Íntegramente, en la mayoría de los casos, componen sus películas haciendo de éstos el sello más visible de su radical estilo.
    Un abrazo. Nos seguimos leyendo.

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  5. Por si no te apetece esperar a ver lo nuevo de Ceylan, te dejo un enlace (http://scalisto.blogspot.com/2012/01/nuri-bilge-ceylan-bir-zamanlar.html). Te garantizo que se ve perfecta.
    Un abrazo.

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    1. Muchísimas gracias por el enlace y por preocuparte, amigo.
      Por ahora me parece que voy a intentar esperar a verla en el cine, que además tengo una buena lista de pendientes aquí esperando. De todas formas, casi seguro que acabaré sucumbiendo de un momento a otro :)
      Un saludo.

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  6. Hola Irimias, encantado.
    Ya te he añadido a la lista de blogs y me he hecho seguidor.

    Ya nos iremos concociendo.
    Un saludo
    Roy

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  7. Igualmente, Roy, siempre es un placer conocer a otros cinéfilos blogueros.
    Ya te he añadido también. Nos leemos.

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  8. No la he visto, ni sé cuando la veré. Prefiero no leer los commnents

    Saludos
    Roy

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    1. Si aún no conoces a Tarr, te recomendaría comenzar con "La condena" o "Armonías de Werckmeister". Aunque el cine de este húngaro sea hueso duro de pelar, hay que probarlo, que igual te acaba apasionando como ocurre en mi caso.
      Un saludo.

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