jueves, 16 de febrero de 2012

Gertrud (1964) - Carl Theodor Dreyer

       Hay películas que podrían durar eternamente. Al menos, tal es la convicción que, con repentina fijeza pero forjada tras todo un progresivo y silencioso enardecimiento, sale al encuentro de uno mientras visiona obras como el testamento cinematográfico de Carl Theodor Dreyer. Pocas veces tendrá un carácter tan certero la aplicación del término “perfección” en el cine como cuando es referido a Gertrud; desde cuyo mismo comienzo va emanando la densa atmósfera, casi onírica, de sobria armonía, pulcritud y determinación de intenciones que ponen punto final al universo dreyeriano.

       Este universo, como tan sólo el de algunos de los cineastas más personales, posee un estilo tan marcado que deforma, subjetiviza al extremo la realidad hasta el punto de acabar rigiéndose ésta por las leyes que él mismo crea; nace un mundo aparte. No obstante, he aquí lo maravilloso; una vez que el espectador se sumerge plenamente en la obra, la percepción que de ella, de esta "realidad deformada", acaba obteniendo es, en el fondo, de veracidad, de una veracidad más elevada en su propio y particular sentido.


       Con razón, desde La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d'Arc, 1928), siempre llamó la atención la dirección de los actores que lograba el renombrado maestro danés. Y es que los insondables sentimientos que se dibujan en los rostros de sus personajes están más cerca de aquéllos que pintaba el Greco en sus representaciones de santos que de cualquier ejemplo sacado del séptimo arte. A través de largas tomas, mantienen prolongadas conversaciones con la mirada suspendida en el vacío, mientras, una y otra vez, cambian de posición rehaciendo así la composición del plano y su majestuosa fotografía. Un recurso que muy posiblemente influenciaría, entre otros, a Ingmar Bergman. De la iluminación se podría decir que es una obra maestra en sí misma, como se puede comprobar, por ejemplo, en las impresionantes escenas de exteriores.


- ¿Quién eres realmente?
- Soy muchas cosas.
- ¿Por ejemplo?
- Soy el rocío de la mañana que cae de las hojas de los árboles. Y una nube blanca que vuela hacia un lugar lejano.
- ¿Qué más?
- Soy la Luna. Soy el cielo.
- ¿Algo más?
- Sí, una boca. Una boca que busca a otra boca.
- Eso parece un sueño.
- Es un sueño. La vida… es un sueño.
- ¿La vida?
- Sí. La vida… Erland, es una larga cadena de sueños… que se suceden unos tras otros.
- ¿Y qué dices de la boca?
- Un sueño.
- ¿Y la boca que buscabas?
- También, un sueño.

       En Gertrud, el más hermoso monumento al amor erigido en forma de celuloide, la pasional protagonista que da nombre al filme busca lo único que verdaderamente importa para ella, amar y ser amada. Sin embargo, los hombres de su vida, algunos por el trabajo, otros por la fama y otros por ellos mismos, acaban relegándola, apartándola a un rincón olvidado. "La vida es sueño", decía, y éste es amor, ¿qué hay pues que merezca eclipsarlo?

8 comentarios:

  1. Obra maestra con letras mayusculas, por alguna razon me sigo inclinando por "Ordet" cuando hablar de la obra cumbre del maestro danes se refiere, pero las dos son piezas fundamentales del arte cinematografico, que brillante era Dreyer y que reseña tan increible le has dedicado a su obra, gracias.

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    1. Las gracias a ti, Dan Chaplin, por pasarte y comentar.
      Yo hasta que no vea de nuevo "Ordet" no podré decidirme por una de las dos, pero no cabe la menor duda de que ambas son gigantescas.
      Un abrazo.

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  2. No puedo ser original buscándole un adjetivo, pero opino lo mismo que Dan Chaplin, obra maestra, para mi la trilogía Dreyer, junto con Ordet y Vampir.

    Saludos
    Roy

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    1. A Dreyer, personalmente, lo considero uno de los mayores artistas que ha dado el cine. También son esas tres mis favoritas, aunque le seguirían muy de cerca otros trabajos como "Dies Irae"; geniales todas ellas en cualquier caso.
      Un saludo, compañero.

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  3. Un filme que se sitúa muy por encima de cualquier cosa que se pueda decir acerca de él. Para mí supone la cumbre de la escritura dreyeriana y una de las más profundas, hermosas y personales obras de arte legadas por el cine. Su modernidad es atemporal.
    Un abrazo y enhorabuena por tan sentida entrada.

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    1. Totalmente de acuerdo en cuanto a su carácter atemporal. Es más, ahí diría yo que reside buena parte de su grandeza. No tiene por qué ser siempre así, pero, si se me permite, considero como grandes virtudes a lo imperecedero y universal en el arte.
      Un abrazo, Ricardo.

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  4. La última película de Dreyer es mi candidato a la más bella e inagotable de todas las películas que he visto. Muy seguramente la calificaría como la cumbre del cine junto a “Playtime”, “Satantango”, “Histoire(s) du cinéma” y “Al azar de Baltasar” (habrá que esperar a finales de año por la liberación en dvd de OUT 1 -espero que salga con subtítulos en inglés-). Me gustaría escribir algo más pero no tengo tiempo, así que sólo esbozaré algunas ideas.

    1.- Cada vez que veo cine de Dreyer me doy cuenta de que no existe un director que haya puesto más su corazón –diría alma pero odio que se le identifique con lo místico- en lo que hacía que él.

    2.- Con respecto a los actores, no creo que haya influenciado a Bergman, más bien el sueco -como todo lo que hizo en cine- está inspirado en su verdadera pasión, el teatro. Me parece difícil encontrar dos directores más opuestos que ellos.

    3.-Como anécdota, sabías que la inspiración para Gertrud fue el descubrimiento por parte del maestro de que la Gertrud-real (no recuerdo su nombre), había pasado sus últimos años de vida a pocos kilómetros de donde él había sido concebido. Y aunque no pudo filmar en esa casa, algunos de los interiores se reconstruyeron meticulosamente para la escena final.

    4.- No dejo continuamente de preguntarme hacia dónde nos hubiera llevado el posiblemente mejor director de la historia si hubiera tenido el dinero y, sobre todo, la vida para hacer las dos películas que más quería: Medea y la vida de Jesús, los proyectos que había alimentado durante buena parte de su vida. ¿Qué hubiera hecho Dreyer después de Gertrud? ¿Qué hubiera podido filmar? Son las dos preguntas que más me han atormentado como cinéfilo. W

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    1. Hola Woland.
      La comparación con Bergman no es más que una suposición y me refiero específicamente al modo de moverse los actores por el escenario y la forma de posicionarse, a veces poco natural, que solían tener. Aparte, si bien decir que no se te ocurren dos directores más opuestos me parece bastante exagerado, sí comparto que las actuaciones bergmanianas beben mucho del teatro.
      Lo que el dinero y la longevidad, en caso de habérsele presentado ambos de una forma más permisiva para la creación, hubieran dado de sí en el director de "Ordet" es un misterio y, mucho más, una pena. Lo mismo ocurrió con autores como Jean Vigo o Tarkovsky.
      Por cierto, y dado que te veo con muchas ganas de escribir últimamente (nada mejor para animar mi blog u otro), te comunico que en el caso de que un día crees un blog propio me lo hagas saber; siempre resultaría interesante.
      Un saludo.

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