lunes, 5 de marzo de 2012

El niño de la bicicleta (Le gamin au vélo, 2011) - Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne

       Con cámara en mano y demostrando una bien lograda madurez estilística, los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne filman tomas de una duración considerable. La perspectiva de éstas es la de cualquier anónimo que se hallase próximo a los hechos, pero que, con fijación y prudencia incansable, acecha al protagonista allá a donde va rara vez despegando su mirada de él. Tal es el modus operandi con el cual el dúo de realizadores irá hilvanando, con la elogiable templanza que podría tener una anciana costurera, un relato de cercanía extrema, a veces dolorosa, pero en cuyos senderos, aquéllos por los que de la mano se ofrece a llevarnos, jamás habrán cometido el error de colocar vulgares y molestas piedras sensacionalistas.

       No sin acierto, el cine de los responsables de Rosetta (1999) es a menudo considerado por la crítica como un destacado afluente de las ramificadas corrientes bressonianas. Sin ningún esfuerzo se puede averiguar, en El niño de la bicicleta, esa exquisita austeridad que hace coherente mencionado paralelismo entre autores francófonos. Aquella apurada concisión, la renuncia a lo innecesario, está ahí, así como el puntual uso sazonador de la música y las actuaciones moderadamente (en este caso) contenidas. Sin embargo, y además de ostentar unos llamativos juegos de colores en la fotografía, nada más alejado de los filmes de Robert Bresson, cuyo Al azar, Baltasar (Au hasard Balthazar, 1966) sería "la vida en hora y media" según Godard, que las pretensiones de la obra que nos ocupa. Pues a todo el minimalismo comentado no puede sino añadirse la concreción de sus intenciones.


       En esta agraciada pieza de cine social, una sociedad cada vez más egoísta y enfocada hacia el éxito propio se verá personificada en un irresponsable e inmaduro padre que abandona a su hijo. Junto a una agradable sensación de alivio, nos percatamos pronto de que no existe el más mínimo rastro, ni siquiera aquél que dejan las ruedas de una bicicleta en el negro asfalto, de adoctrinamiento demagogo en el planteamiento ético que nos es ofrecido. La realidad se muestra fresca, incorrupta de torpes manipulaciones, incluso algo optimista. Es mediante el contacto directo con ésta, que el espectador llegará a toda posible conclusión, pero siendo siempre su propio juicio quien lleva la batuta directriz, y sólo él. Al tiempo que una muestra de respeto desde el artista hacia su receptor, es lo último aquí descrito el único medio del que el arte debería valerse en su función concienciadora.



4 comentarios:

  1. Me había gustado mucho "El silencio de Lorna" hace uno o dos años, no recuerdo, pero "Le gamin o veló" todavía me ha gustado más.Comentabas ahí atrás lo del tratamiento de niños, aunque el protagonista sea un adolescente, lo bien dibujado que está, sin caer en ningún tipo de edulcoramiento o adornos tontos que muchas veces cae cierto cine al que no tienen pudor en denominarlo social y tienen de social lo que yo de ...
    Una maravilla, buen texto.
    Saludos
    Roy

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    1. Estoy de acuerdo, Roy, esta película también posee un retrato de la niñez o adolescencia, como quiera verse, digno de encomio. Y esa sobriedad de la que hablas es algo que da gusto de contemplar.
      Un saludo, amigo ;)

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