sábado, 16 de junio de 2012

La chica de la fábrica de cerillas (Tulitikkutehtaan tyttö, 1990) - Aki Kaurismäki

       "Probablemente murieron de frío y de hambre en medio del bosque." Sergianne Golon; "La Condesa Angélica".

       La cita que da inicio a la proyección de La chica de la fábrica de cerillas nos introduce con cierta misteriosa concisión, nos comienza a atrapar como lo hace el mismo viento malsano acompañando a los créditos, en la realidad tan desoladora como mordaz que nos brinda en este título Aki Kaurismäki. Por más que busquemos desesperadamente, por más que abramos una tras otra todas sus cajas de cerillas, no encontraremos grandes señas de ese agridulce optimismo que tiñe obras como Un hombre sin pasado (Mies vailla menneisyyttä, 2002) o la reciente El Havre (Le Havre, 2011). Asistimos, aunque acompañados, eso sí, por un uso puntual del sombrío sentido del humor que caracteriza al finés, al completo desamparo de Iris, una joven que vive con su madre y su padrastro carcomida por una terrible soledad. De forma trágica, su bondad y su inocente predisposición a confiar en las personas acabarán por tornarse en odio tras sólo recibir rechazo, desprecio o indiferencia por parte de la sociedad.


       Con el trabajo de los actores del genial autor nórdico sucede algo muy similar a lo de aquellos "modelos" de Robert Bresson, de quien, como los Dardenne o Haneke, es uno de los más prominentes herederos. Se trata en todo momento de atenuar reduciendo a su mínima expresión las emociones. De esta forma, se convierte en necesidad, y quizás también en un ejercicio de humanidad, la de que cooperemos, que tratemos de comprender mediante la reflexión a estos personajes marginales y lo que no nos muestran explícitamente. Sucede justo al contrario de lo que pueda parecer en un primer momento, o al menos así es para un servidor, y es que una vez hayamos penetrado en la gélida superficie de estos rostros fríos, la sensación no será otra que la de una mayor cercanía e intimidad, en lugar de la insustancialidad aparente. Es un resultado parecido al que consiguen los planos de detalle de algunas acciones rutinarias de la protagonista. Vemos detenidamente sus manos manejando las máquinas de la fábrica, colocando un vestido en el armario justo antes de acostarse y, de pronto, hemos atravesado la pequeña burbuja de aislamiento que la rodea; estamos junto a ella, ahí, en su olvidado y secreto quehacer.


       En cuanto a la estética visual de éste y otros de sus filmes, nos encontramos con una fotografía, de la mano de Timo Salminen, cuyo particular uso de la luz y el color, casi siempre con tonos fríos predominando, le confiere un aspecto melancólico reconocible aunque estuviéramos a leguas de distancia. Son las mismas leguas que podría pensar alguien que dista (por diferente me refiero ahora) de personas como Iris, la retraída chica de la fábrica de cerillas, sin tener siquiera un atisbo del enorme error en que se halla.

2 comentarios:

  1. casi tres meses sin publicar, pensé que os había pasado algo...
    No es mi Kaurismaki preferido pero es un Kaurismaki.Hace poco he vuelto a ver Contraté un asesino a sueldo para reseñarla en el blog. Y reciend vista le havre, con su actriz fetiche Kati Outinen.

    Espero seguir viendoles a vds. por aquí.

    Un saludo.
    Roy

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    Respuestas
    1. El tiempo sin publicar se debe a que he estado bastante liado con los estudios. La verdad es que ha sido un alivio poder volver a estos lugares. Se echaba de menos.
      Comprendo que ésta no sea una de tus favoritas. No he visto toda la filmografía del autor, bastante extensa por cierto, pero me parece que le falta un poco de la embriaguez típica de otros de sus títulos. Es más realista, menos Kaurismäki quizás. De todas formas, a mí me sigue gustando mucho.
      Saludos. Espero, como dices, seguir por aquí y no volver a desaparecer, al menos, en una buena temporada ;)

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