domingo, 8 de julio de 2012

El intendente Sansho (Sanshô dayû, 1954) - Kenji Mizoguchi

       Medievo japonés. La familia de un compasivo gobernador liberal, que es acusado de traición y encarcelado, será capturada por unos bandidos. Mientras que los dos niños son vendidos como esclavos a un campo de trabajo a cargo del tiránico Sanshô, la madre será obligada a prostituirse en una isla cercana sin poder ver ni saber nada de sus hijos. Pasado el tiempo, a los oídos de éstos llega una triste canción con sus nombres que, al parecer, una prostituta ha hecho popular.

       Tan sólo unos años antes de su prematura muerte por leucemia y haciendo uso de la anterior premisa, tomada de un relato de Ogai Mori, Kenji Mizoguchi filmó el arrebatador filme de corte humanista que en España recibiría el nombre de El intendente Sansho. Si bien estamos ante una película que, sobre todo comparándola con la maravillosa Cuentos de la luna pálida de agosto (Ugetsu monogatari, 1953), no se caracteriza por sus dosis de fantasía, limitándose éstas prácticamente al hecho de que una mujer cantando en una isla se escuche en una tierra lejana, lo cierto es que el maestro nipón desplegó aquí toda su inimitable belleza plástica de forma que el largometraje acaba estando impregnado de aquella característica magia que poseen los cuentos y fábulas. Esas constantes estéticas que modelan la obra del realizador incluyen el frecuente posicionamiento de la cámara a una altura superior a la cabeza de los personajes, el uso de majestuosos planos-secuencia que se deslizan con la delicadeza de la más distinguida de las geishas, o un modo particular, y asombroso en su sencillez, de captar la naturaleza que pocos directores han podido igualar. Entre estos directores colocaríamos a Andrei Tarkovsky, para quien el formalismo de Mizoguchi fue seguramente una gran influencia.


       La temática de la mujer, que abordaría una y otra vez en su filmografía, se hace manifiesta con la importancia dada a los personajes de la madre y la hermana. Ejemplos de esto los hay a montones, empezando con el sacrificio de la segunda de ellas, pero es genial cómo en ocasiones tales como en la que el gobernador y padre de los niños discute con unos superiores, la cámara se desplaza hasta captar solamente a la madre, personaje que, a primera vista, carece de la más absoluta relevancia en la escena. La vemos bajar el rostro con pesadumbre al tiempo que el protagonismo acaba recayendo en ella. No obstante, el tema capital de la obra no deja de ser el de las clases desfavorecidas. Pues incluso ahí, en ese final que sin duda se encuentra entre los más conmovedores de la historia del cine, justo antes del fundido en negro, nos vamos moviendo lentamente, nos alejamos de los dos personajes, y nos quedamos con la imagen de un hombre trabajando con afán en la playa de una aldea años atrás devastada por un tsunami.


10 comentarios:

  1. Qué maravillosa lección de humanismo y cine la que nos brinda aquí Mizoguchi. Este tipo de películas, tan hermosas y con tantos valores, deberían ser de obligado visionado para todo el mundo. Y el reencuentro final... sin palabras.

    Un abrazo.

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    1. Totalmente, sí que debería ser obligatorio verla una vez en la vida. Una excelente forma de aprovechar dos horas de clase en el instituto. Además, es una película nada difícil de disfrutar.
      Y respecto a ese tremendo final, lo cierto es que yo nunca lloro con una película, pero ahí me faltó poco para hacerlo.
      Un abrazo.

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  2. Qué grande es Mizoguchi siempre, y aquí especialmente.

    Saludos

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    1. Antes que nada, mi bienvenida al blog, Enrique ;)
      En mi humilde opinión, no hay un director japonés que haya llegado a superar aún a ninguno de los tres grandes maestros clásicos, es decir, Yasujiro Ozu, Akira Kurosawa y Kenji Mizoguchi. Y eso que no escasea el talento por allí.
      Un saludo.

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  3. Cierto que no escasea. Pero yo añadiría a Kobayashi... y hacen cuatro.

    Saludos

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    1. Hace muy poco pude ver "Samurai Rebellion" de Kobayashi. Una dirección del todo brillante. En el caso de aumentar el número de puestos en ese podio personal lo colocaría sin dudarlo junto a Teshigahara y algún otro.
      Un saludo.

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  4. Junto con los "cuentos" lo que más me gusta de Mizoguchi, también es lo que más se suele conocer de este director, en el que tendríamos que ahondar más en su filmografía, hablo por mi, que siempre me ha gustado y he visto sólo tres películas suyas.

    Saludos
    Roy

    Creo que os olvidais de Naruse, que por méritos propios merece tener un sitio entre los grandes clásicos.

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    1. Naruse es una asignatura aún pendiente para mí. Hasta el momento sólo he visto "Cuando una mujer sube la escalera", que me pareció una película notable y con bastantes reminiscencias, por la temática, de "La calle de la vergüenza" de Mizoguchi. Espero poder ver pronto otra suya.
      Saludos ;)

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    2. Yo también tengo a Naruse pendiente. Creo que sólo he visto Madre (Okasan).

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