martes, 11 de junio de 2013

Amor (Amour, 2012) - Michael Haneke

       Totalmente habituado ya a recibir los galardones del festival, un Haneke más cercano que nunca se presentaba en la pasada edición del 2012 de Cannes alzándose por segunda vez con la Palma de Oro. Si bien la trayectoria hasta entonces seguida por la temática del autor, ésa destinada a remover las conciencias del público penetrando en las tinieblas de los rincones más turbadores y olvidados de nuestra sociedad, no es abandonada, igualmente cierto es que una ligera desviación es trazada en el recorrido con el largometraje Amor. Pues, en primer lugar, aquí ya no busca en los mencionados recovecos, en la oscuridad, aquí la problemática se sitúa mucho más a la luz, en nuestros mismos dormitorios y salones. Es del fin común de lo que se nos habla, del amor cuando la terminante sombra de la muerte se proyecta sobre el ser querido, y, siendo así, optando por este acercamiento a lo cotidiano, no será de extrañar que estemos ante el filme más dolorosa aunque cándidamente conmovedor del director austriaco.

       Es también, muy probablemente, su obra más personal, pues en los cimientos de su inspiración se halla el hecho de que, tras un intento de suicidio, salvó la vida de la tía, ya enferma, que lo cuidó durante su infancia, a lo que ella respondería con la siguiente cuestión: "¿Por qué lo has hecho?". Más tarde, volvería a intentar quitarse la vida consiguiéndolo en este caso. Sumado a esto, está la promesa que se hicieron él y su mujer, según comentó al recoger el premio, la de que ninguno acabara sus días en un hospital o asilo.


       El paulatino descenso a los infiernos de la degradación física y moral que sufre una anciana, músico de profesión, está descrito con minucioso y sutil detallismo; tan pronto la vemos pedir a su marido que pare la reproducción de un CD de música, petición, intuimos, debida a los recuerdos que se hallan ligados a tal partitura, como que en otra escena le pedirá, esta vez, que le acerque un álbum de fotos. Pero lo que más llama la atención de todo esto es que en ningún instante encontramos el rastro de lo que pudo haber sido un intento de dramatización, de sentimentalismo gratuito, pues desde el mismo inicio, la película no fluye sino como la más serena corriente, rara vez produciéndose una agitación en su superficie. Así, cuando Georges se percata de los primeros síntomas de embolia en su mujer, su reacción estará desprovista de todo posible exceso, será de forma casi lenta, inexpresiva, que procederá a vestirse para salir en busca de ayuda.


       La forma, del mismo modo, se halla en concordancia, al tiempo que en efectiva simbiosis alimentándose la una a la otra, con esta naturalidad de la que hablamos. Posiciones, movimientos de cámara, todo es sencillo y desprovisto de adornos. Y lo mismo ocurre con la fotografía, iluminación natural, composiciones simples. Y es que, de las sublimes actuaciones por parte de Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva no podemos más que recalcar nuevamente lo ya dicho, en todo momento se busca la sinceridad, la ausencia de teatralidad. El actor protagonista de Mi noche con Maud (Ma nuit chez Maud, 1969), vuelve a las pantallas tras un inciso de casi una década para ofrecer la que sin duda es una de sus interpretaciones más interesantes. El trabajo de Riva, por su parte, y si bien quizás permanece en un segundo plano, no merece menos alabanzas en su descarnada exposición.

       Con sólo la secuencia inicial fuera del apartamento en el que reside esta pareja de ancianos, la que perdurará como una de las mejores obras de Haneke posee un sobresaliente uso del espacio, en el que, aún sin la claustrofobia reinante en otras cintas como Repulsión (Repulsion, 1965) o El submarino (Das Boot, 1981), el latente deseo del exterior acabará figurando en forma de pinturas paisajistas adornando las habitaciones o, de manera hermosa, bajo una paloma extraviada que, colándose por la ventana, visitará en más de una ocasión a estos dos seres recluidos en los últimos y enfermizos granos de su reloj de arena.

8 comentarios:

  1. Es verdad una de las mejores obras del austriaco, la más personal y en cierta forma más madura, aunque sigo pensando que su gran obra es Funny Games, un saludo desde Colombia, y mucho cine

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo, más que de "Funny Games", guardo un recuerdo especial de su primer largo para cine, "El séptimo continente". Devastador. Aunque lo cierto es que hace mucho que lo vi, igual ahora se me presenta desde otra perspectiva con un nuevo visionado.
      Otro saludo desde España ;)

      Eliminar
    2. A mi me gusta pensar - que además no es ni mucho menos la última película de Haneke- El 7mo continente es algo así como la nieta, el inicio de lo que sería Amour, otra de las grandes películas del austriaco. un saludo

      Eliminar
    3. Me gusta ese parentesco que estableces entre ambas. Cada una en un extremo (por ahora) de su filmografía; una más madura, otra menos. Aún así, la misma sangre en las venas.
      Un saludo.

      Eliminar
  2. Si bien no soy un ferviente admirador de Haneke, este filme si que es incontestable, una verdadera obra maestra, en mi opinión la mejor película del año que recién concluyo.
    Buena reseña. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo tampoco me considero fan absoluto del cine de este hombre, pero sí que suele atraerme normalmente. En cuanto a lo que dio el 2012, comparto contigo en que "Amor" está en lo más alto, junto con "The Master".
      Un saludo, amigo.

      Eliminar
  3. Irimiás, te invito a que participes en la encuesta que estoy realizando en el blog.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por la invitación, Ricardo, aunque ya tenía pensado hacerlo. De todas formas, me va a costar, me temo :)
      Un abrazo.

      Eliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...