viernes, 7 de junio de 2013

India Song (1975) - Marguerite Duras

       Una tarde, tomamos por certeza la sensación de que nada sería ya capaz de sorprendernos, ninguna película podría jamás volver a ascender a aquella colina, cada vez más escarpada, donde, con los años, fuimos encumbrando con gusto a determinadas obras. Es entonces cuando, entre la masa, nos encontramos con filmes como India Song, filmes que con su propia bruma, paradójicamente, logran disipar a aquélla que mantenía aplacados a nuestros sentidos, filmes que consiguen devolvernos a nuestro estado primigenio y dejarnos desprotegidos, sin palabras, ante su misteriosa y radiante belleza.

       Ésta, la película más reconocida de cuantas dirigió la famosa novelista Marguerite Duras, está basada en un texto homónimo recogiendo temas y personajes de otros de sus trabajos literarios. Lánguida, sumida en la inercia de una muerte en vida en el exilio, la esposa del embajador francés de la India recibe a un grupo de invitados en su mansión para, más adelante, quedarse entre íntimos, o entre sus numerosos amantes, e ir a las islas del delta del río Ganges. En los parques circundantes de la embajada, una mendiga birmana trastornada cantará canciones de su infancia ofreciendo, así, el demencial contrapunto de la sociedad colonial en los años 30.


       Pero lo cierto es que ese contrapunto se filtra a las raíces mismas del estilo o, siendo más precisos, a la discordancia existente entre imagen y sonido. La cámara permanece estática o se desplaza parsimoniosa en largos planos, planos de una pulcra, discreta y abrumadora fotografía, en los que toda acción que pudiese contener una mínima fuerza expresiva queda, casi siempre, relegada al fuera de campo, de modo que la imaginación del espectador es demandada al tiempo que lo que persiste en pantalla es una imagen impoluta, reducida a su mínima esencia. El uso espléndido del sonido, por su parte, mediante voces superpuestas, ya sean las de los varios narradores o las de los mismos personajes, nos guía a través de la nebulosa narración y conforma toda la vertiente intensa de la obra frente al ralentizado y pasivo apartado visual. Asimismo, igual o más importante aún que el sonido resulta la música que Carlos D'Alessio compuso para la película. Inmanente es tanto al argumento como a la puesta en escena, y es que incluso los movimientos suspendidos de aquellos inadaptados invitados a esta lúgubre y mortecina embajada van al ritmo melancólico, omnipresente, de "India Song".


       Con visibles influencias del cine de Alain Resnais, para quien Duras escribiría el guión de Hiroshima, mon amour (1959), estamos, sin lugar a dudas, ante un ejercicio cinematográfico extremo cuyo visionado exigirá un esfuerzo altamente considerable. No obstante, y como ocurre muy a menudo, la dificultad del calado de la obra acaba siendo proporcional a la profundidad del mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...